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Adoradores en Espíritu y en Verdad

El ser humano es el único ser del universo que es consciente de su papel como adorador. 

Mientras todo lo creado alaba a Dios, nosotros tenemos el privilegio de adorarle, con cantos y alabanzas que brotan de nuestros corazones.

La alabanza es por lo tanto una respuesta de gratitud y consciencia de lo grande y esplendoroso que es Dios. Solo un corazón agradecido de manera espontánea elevará una oración reconociendo que Dios es Grande y Maravilloso.

Basta con dar una mirada a todo lo que nos rodea y las diversas circunstancias que hemos vivido, para rendir nuestra oración, levantando nuestras manos al cielo en actitud de reconocimiento y rendición, ante el Señor que nos ama de manera incondicional e infinita.

No existe nada mas sano que alabar y adorar, porque esto rompe con nuestro egocentrismo, que solo quiere "obtener cosas", fácilmente pedimos a Dios una serie de gracias que necesitamos, pero pocas veces estamos dispuestos a alabar y adorar aún en medio de la incertidumbre, donde se nos exige poner en movimiento nuestra fe.

Alabar y adorar debería ser una acción natural porque somos conscientes que Dios está con nosotros y todo lo que sucede es para el bien de los que aman a Dios (Romanos 8,28).