Comunión requisito fundamental

“Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo18,20) La oración en comunidad es certeza segura de la presencia y acción de Jesús, al igual como cuando se hizo presente en medio de los asustados apóstoles el día de pascua de resurrección.
Ellos estaban con las puertas y ventanas cerradas, pero el Señor se presentó a pesar de los temores y sentimientos de culpa de cada uno de sus discípulos guardaba en su interior. Es bueno saber que nuestras debilidades y pecados no serán obstáculo para que Dios se manifieste y nos de la oportunidad de cambiar y recibir la gracia del perdón de Dios.
Pero la oración no solo es un conjunto de acciones predeterminados que podemos realizar esperando obtener automáticamente lo que pedimos. Orar requiere estar en comunión, primero con Dios y también con los hermanos, porque la fuente que nos ofrece Dios para ser bendecidos es
el amor.
Unirse y vivir la comunión de corazones es requisito necesario para alcanzar respuesta en nuestra oración comunitaria. Es la comunidad que, centrada y consciente de las necesidades de todos, eleva sus plegarias a Dios, tal como lo hicieron los primeros cristianos cuando prohibieron a Pedro y Juan proclamar la buena nueva clamando a Dios valentía y fuerza de lo alto: “Cuando terminaron de orar, tembló el lugar donde estaban reunidos; todos quedaron llenos del Espíritu Santo y anunciaban decididamente la Palabra de Dios” (Cf. Hechos 4,24-31).
Vivir en comunión es tan importante que Dios mismo nos invita a crecer y desarrollarnos espiritualmente mediante una comunidad concreta. Lo cierto es que no existe la comunidad perfecta en la cual no existan dificultades y todos sus integrantes sean amables, simpáticos y llenos
de paz, definitivamente todos estamos en camino, en proceso a llegar al cielo. Veo con sorpresa como algunos van cambiando de grupos, comunidades y parroquias buscando un lugar perfecto donde ellos se sientan bien. Obviamente esa búsqueda nunca terminará hasta que decidamos vivir la comunión con Dios y con los hermanos.
Si queremos obtener frutos de nuestras plegarias comunitarias, primero, debemos con humildad y sinceridad buscar vivir la comunión con el prójimo, despojándonos de nuestros egoísmos, autosuficiencias e indiferencias. Podemos y debemos pedir la gracia de Dios para ser moldeados, uniendo nuestros corazones y optando por vivir la fraternidad.
Fuimos llamados a orar en comunión porque Dios anhela vivir en nuestros corazones en plenitud.
No buscamos la comunidad perfecta, buscamos la comunión perfecta con Dios, si eso sucede estaremos cada día mas cerca de vivir la comunión todos, será entonces que nuestras oraciones serán poderosas en Dios.
Siempre Firmes en la Fe